sábado, 9 de julio de 2011

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La Convicción

Es la obra del Espíritu Santo, por la cual una persona es capaz de verse a sí misma como Dios la ve: culpable, mancillada, y totalmente incapaz de salvarse a sí misma (Juan 16:8). En un incrédulo, la convicción del Espíritu Santo revela la pecaminosidad y trae temor. En el creyente, la convicción del Espíritu Santo trae conciencia de pecado y resulta en su confesión y limpieza. Esta convicción el producida por el Espíritu Santo (Juan 16:8), el Evangelio (Hech. 2:37), la conciencia (Rom. 2:15), y la Ley (Santiago 2:9). La convicción de nuestros pecados nos lleva a la cruz. Nos muestra nuestra necesidad de perdón.

Conversión 

Indica la acción de volverse del mal hacia Dios. Dios convierte (Hechos 21:19) a los perdidos en salvos, a los no regenerados en regenerados. Esto se produce a través de la predicaión del Evangelio (Rom. 10:14; 1 Cor. 15:1-4) y resulta en arrepentimiento (Hech. 26:20) y una nueva creación (2 Cor. 5:17). Hay una lista de los frutos de la conversión en Gál. 5:22-23.

 No somos justificados por confesar reiteramente pecados si no se ha dado una verdadera conversiòn que parte del hecho de que Cristo es el que con su sangre pagò por nuestros pecados y le aceptamos como el ùnico y suficiente Salvador. El Mediador ùnico y al que confesamos nuestros pecados. Su justicia pasa a ser aplicada a nosotros por su obra expiatoria. 

Importante recordar que la obra de la salvaciòn es de Dios que despierta nuestra conciencia, nuestro ser interior muerto en delitos y pecados, implantàndonos un nueva vida. La obra del Espìritu que sopla donde quiere. Juan 3 nos enseña sobre la obra de la regeneraciòn espiritual o bautismo del Espiritu, llamado tambièn el nuevo nacimiento. Los muertos espiritualmente necesitan tener vida para creer.
En el amor de Jesucrito
Virginia

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